No era sólo una piedra

Por: Daniel Silva C

 

Es inexplicable por qué o de dónde viene este impulso, pero de alguna forma siento una necesidad. Entre todas esas personas, entre esos innumerables pies, veo a lo lejos una piedra. Tal vez sea  esa imagen de empresario especulador e inescrupuloso, esa sonrisa forzada o la cordialidad que intenta aparentar.

 

Acaba de doblar desde Avenida Argentina hacia Pedro Montt. Parado a bordo de su Ford Galaxy presidencial saluda con su mano derecha a todos los espectadores y a las cámaras de televisión, especialmente a estas últimas. Sonríe amistosamente, viste un impecable traje azul, camisa blanca y corbata roja. En su bolsillo lleva un pañuelo blanco y un papel doblado con algunas promesas cumplidas, muchas más sin cumplir e infinitas para el próximo período.

Luego de hacerme paso entre la multitud, logro alcanzar esa piedra. A mi alrededor hay muchas cámaras de televisión, policías desde las azoteas de edificios vecinos y helicópteros desde el aire, los que vigilan que todo esté en orden. Entre las cientos de personas llaman mi atención algunas con lentes oscuros y audífonos, de pelo corto y que a simple vista parecen estar comunicándose con alguien.

Algunas cuadras más al sur miles de manifestantes, jóvenes y familias enteras, comienzan a llenar las calles aledañas a Parque Italia. Diversos son sus motivos para reunirse en aquel lugar, lo que se aprecia en las frases de sus carteles como “El gobierno miente”, “Piñera sólo promesas”, “Piraña el pueblo no te quiere” o “Patagonia sin represas”, evidenciando una causa común: inconformidad.

La piedra ya está en mi mano. Me levanto lentamente, mientras por mi brazo recorre una energía que nunca antes había sentido. Inhalo y exhalo, pestañeo y el corazón comienza a latir rápidamente. Desde la corteza suprarrenal la endorfina comienza a invadir cada parte de mi cuerpo, mi cerebro manda los impulsos nerviosos a los órganos sensoriales correspondientes y poco a poco logro ponerme de pie.

Por mi mente comienzan a desfilar una serie de hechos, el negocio de la reconstrucción, Piñeragate en Megavisión, la venta de Chilevisión, el Transantiago o Hidroaysén y su aprobación.

El viento poco a poco ha comenzado a soplar y frente al Congreso el automóvil presidencial ha comenzado a virar. Cada segundo que pasa disminuye mi tiempo para actuar, pero la decisión está tomada y mi mano derecha se pone en movimiento para lograrla impulsar.

Desde el preciso instante que aquel pedazo de roca ha salido de mi mano se ha transformado en mi odio al sistema neoliberal. Su imagen de especulador, su inmensa fortuna  y sus actos en la época del dictador añaden peso a ese misil que de mi mano acaba de salir.

Miro atentamente su trayectoria, mientras los malos recuerdos no dejan de pasearse por mi memoria. Producto de la velocidad e impulso de esa bala, ésta se dirige inevitablemente a la cara del presidente. Poco a poco más personas se dan cuenta de lo que pasa. “¡Este proyectil va por los sin casa!”, pensaba yo.

La piedra se acerca a su objetivo, cada metro que recorre acerca el momento del castigo. A través del viento se abre paso. Gira y gira sobre su eje, cortando el aire y produciendo un leve zumbido, tan pequeño que ante todo el murmullo no logra ser percibido por el oído.

Aún recuerdo tu campaña y tus promesas, aunque todavía no veo alguna bien hecha, seguramente te acuerdas de todas ésas, maldito fascista.

Con alegría veo como impacta en su rostro. La piel se le desgarra fácilmente y la policía busca intensamente, tratando de dar con el paradero del demente.

Los medios malinterpretarán mi intención, pues le darán énfasis a lo violenta de mi acción y no irán al fondo del tema. Muchos verán este hecho como otra prueba más de su manipulación.

Lamentablemente, con lo impulsiva y rápida de mi acción, no alcancé a escribirlo en ella para que entendiera. Me encantaría decirle todo esto en su cara a Piñera, quien seguramente me hará llamar violentista cuando logre recuperar su memoria. También me encantaría contarles el final de esta historia ¡pero ahora tengo que correr!


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