No te metas en lo que no te importa


Por: Daniel Silva C.

 

“Conquistan países, imponen su pobre cultura

Saquen recursos sembrando pobreza y rencor

Manipulan los medios de información privándonos de la verdad

Sus bases militares nos manipularán”

Apago el motor de mi 4×4, busco mi iphone, mi chequera, mi rolex, mi agenda y bajo. Camino por el estacionamiento del diario mientras pienso en todo lo que tengo que hacer, me espera un largo día. Subo las escaleras tranquilamente hasta el cuarto piso y reviso mi celular que aún no da señales.

Entro al sector de prensa y saludo a mis colegas que me miran con cara de pocos amigos, esto no pasaba meses atrás cuando nos sentábamos juntos en estas oficinas, pero ahora que dirijo el área sus malas vibras y la envidia en sus ojos son pan de cada día.

Bebo un café mientras observo en mi escritorio montones de artículos, algunos de ellos aprovaré sin ninguna objeción, pero los de los más jóvenes, quienes aún no se adecuan al negocio, deberé revisarlos rigurosamente.

Recorro la oficina mientras pienso que seguramente quienes llevan más años en este mundo ya se olvidaron  de todo lo aprendido en sus tiempos de universidad, donde aún eran jóvenes soñadores y pensaban que realmente ejerciendo su oficio podrían cambiar el mundo ¡que ingenuos! Me gustaría enseñarles a los nuevos lo que realmente significa trabajar aquí, pero mi secretaria irrumpe en mi oficina para preguntarme algunas cosas.

En realidad este trabajo no es tan difícil como parece, sólo tienes que preocuparte de que lo que se publique no manche la imagen de quienes sostienen esta empresa, que la información emanada parezca seria y que sea medianamente llamativa como para que algunas personas compren ejemplares y los lleven a sus casas. Ni siquiera importan tanto las ventas, aquí lo que realmente financia todo esto son las grandes empresas que tenemos como auspiciadores.

Mientras se acerca la hora del almuerzo sigo preocupado por la llamada que seguramente llegará y que no será para nada grata. Alex, periodista del diario, ayer publicó un artículo que cometí el error de dejarlo pasar y sacarlo a circulación sin editarlo convenientemente.

Luego del descanso, cito al profesional a mi oficina para tratar de llegar a una solución, pues hoy en todo Chile aparece un artículo bajo su nombre que critica duramente las ganancias que las mineras generan y los pocos impuestos que éstas le dejan al país. Llegar a una solución no debería ser muy difícil, porque podríamos utilizar una de las tantas técnicas que ya se han usado anteriormente, como desmentir al autor, señalar que esas cifras no son correctas o hacerle una acusación personal de maltrato al interior del hogar o de abuso de menores, con lo cual perderá toda credibilidad.

Transcurre la tarde hasta que al fin aparece una llamada entrante, en la pantalla aparece un número privado y contesto. Luego de 30 segundos de escuchar una voz distorsionada, me dicen que han secuestrado a mi hijo y que no contacte a la policía. Me comunico con el colegio y me confirman que un joven de unos 30 años pasó a buscarlo identificándose como Juan y que dijo iba de mi parte. Llamo inmediatamente a casa y allá tampoco está, ni en casa de sus amigos cercanos.

La preocupación me inunda y no puedo controlarme, cancelo todas las reuniones que tenía previstas y los minutos se me hacen eternos. Me contacto nuevamente con Alex, quien había salido a reportear al congreso, pero él no tiene idea de lo que sucede.

Ya han pasado horas y no sé nada de Martín, mi hijo. El celular no ha vuelto a sonar y no le he querido contar nada a mi esposa. Se acerca la hora de irme a casa y no puedo irme de aquí sin saber qué pasa.

En la versión online del diario ya circula una entrevista a un experto y algunos economistas graduados en Chicago que desacredita lo publicado en la edición impresa. Camino deshecho rumbo a mi camioneta, cuando llego hay un auto extraño en el estacionamiento aledaño. Luego de acercarme cuidadosamente algunos metros, se abre la puerta y desde el interior emerge una figura pequeña que grita ¡papá!

Luego de hablar con él por largos minutos me cuenta que lo pasó muy bien en la tarde, el tío Juan lo llevó a pasear por Fantasilandia y le compró un regalito que saca de su mochila. Es un camión tolva amarillo de juguete que adentro trae un mensaje que dice: “Ya sabe Daniel, está advertido”.


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