Pregunta sobre la objetividad (Matías Rojas)

Por Matías Rojas

En reiteradas ocasiones se ha planteado que la objetividad es un factor fundamental para el carácter veraz del periodismo informativo. No obstante aquello, los nuevos paradigmas de la comunicación y la apertura del llamado “nuevo periodismo” han sobrepasado los límites de lo que anteriormente se concebía como realidad absoluta, abriendo la discusión de si el periodista es lo bastante apto para observar los fenómenos que le rodean con neutralidad.

La verdad es que el periodista no deja de ser un humano común y corriente. Esto no quiere decir que cuando haga sus reportes, el periodista falte inevitablemente a la verdad. Lo hace cuando decide por sí mismo omitir información, o bien mentir a sabiendas. Al afirmar de manera enfática que el periodista es un simple ser humano, se reconoce que éste no es un ser omnisciente, capaz de verlo todo, ejerciendo el título de semidiós. Como humano, su rango de visión es reducido, y sus opciones de entender la realidad desde diferentes puntos de vista son escasas, si no imposibles.

Las barreras de la objetividad son variables. Uno puede comenzar observando detalles insignificantes, como que el periodista sólo tiene dos oídos y no cuatro, o que su presencia corporal no puede duplicarse para estar en dos lugares a la vez. Aunque estos elementos parezcan triviales, no lo son en un análisis práctico.

Como plantea Rodrigo, muchas audiencias han depositado su confianza total en el periodista, pensando erradamente que éste es capaz de saberlo todo sobre un acontecimiento, simplemente estando ahí para reportearlo. Es decir, se concluye tácitamente que el periodista, cuando habla de cierto tema o cubre cierto hecho noticioso, es porque inherentemente tiene cercanía con él y ha podido corroborar personalmente que lo que reporta es cierto.

¿Pero podemos decir eso al analizar el funcionamiento de las agencias de noticias? ¿De qué manera tenemos seguridad de que lo que dice el comentador o animador del bloque noticioso está siendo objetivo al momento de afirmar que un suceso ocurrió tal y como lo describe? No hay manera de saberlo. Sin embargo, los grandes medios, las industrias convencionales de producción noticiosa, suelen envasar su material con una etiqueta de “objetividad”, de verdad absoluta, incuestionable, casi dogmática y religiosa.

En este tema también entran en juego las fuentes. Probablemente, ante alguna controversia que involucre a un alto funcionario de gobierno, bastará para El Mercurio o La Tercera que tal autoridad se pronuncie para que el tema quede automáticamente zanjado, y no exista mayor análisis o investigación que cuestione la versión entregada. “¿Para qué?”, dirán ellos, “si son las fuentes oficiales”. En este caso (uno bien cotidiano, por cierto) las fuentes parecen estar más ligadas al hecho de que es una autoridad “oficial” la que se pronuncia, que a una manifestación de veracidad o neutralidad informativa. Lo anterior inhibe cualquier intento por ir más allá de la verdad convencional, en términos investigativos.

En mi caso personal, he podido constatar que la investigación periodística, por sobre toda forma de aproximar el trabajo del periodista a un resultado certero, es la que más ha lastimado este concepto religioso de la objetividad, y es lo que paradójicamente ha provocado la crisis de credibilidad que hoy sufren grandes periódicos y canales de noticias. Porque la investigación es progresiva, no admite fin a la recopilación de información y a la ocurrencia de nuevos desarrollos. Personalmente, me parece difícil creer en la objetividad. El viaje que emprende un periodista para hallar un discernimiento acabado sobre los hechos que le rodean, nunca parece terminar. Y es justamente esa impaciencia y hambre por la verdad, las que dan vida a la labor periodística, llevándola a desligarse del control que ejerce una agencia de noticias centralizada, por ejemplo, servil a sistemas hegemónicos de dominación. Es justamente esa razón por la que gran parte de la población, en la actualidad, está prefiriendo consumir medios alternativos de noticias.

En este contexto, es preciso reafirmar entonces la función social del periodismo. En mi reciente artículo sobre la adquisición de ascensores en Valparaíso, esto queda muy claro. La discusión está en si es que el carácter social del periodismo, mostrando cierta inclinación por un candidato municipal mediante la difusión de sus planteamientos, constituye o no un actuar de subjetivismo periodístico. Probablemente sí, pero creo que es mil veces más sincero (y objetivo) reconocer la falta de objetividad de un trabajo periodístico, antes que atribuirse títulos estéticos que rallan en lo majadero.

 


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: